top of page

XÓCHITL LAGUNES: Ensayo sobre extrañarte


Foto de Katie Azi en Unsplash.


Si te vas vete gritando. Quiero saber que me quisiste, que me vas a extrañar.

San Pascualito Rey.

I

Te extraño.

II

El primer resultado que Google arroja ante la búsqueda extrañar definición dice: notar la ausencia de algo que se usa habitualmente y que se ha sustituido por otra cosa. Quizá “algo que se usaba” sería mejor. Así, en pasado. Me quedaría con una definición más simple: extrañar es notar una ausencia. Un objeto, un hábito, una rutina, un cuerpo, una persona. Esta última es la peor, porque una persona es todo lo anterior distribuido en múltiples dimensiones y capas. La persona inherentemente es un cuerpo, los hábitos que le conocemos, las rutinas que establece y replica una y otra vez hasta que las memorizamos o nos hacemos partícipes de ellas. Yo despertaba un rato antes que tú, iba al baño a lavarme los dientes y volvía a la cama. Me acostaba junto a ti, hundiendo el peso de mi cuerpo en el colchón, meciéndote un poco, y te observaba. Me gustaba mirar la punta de tu nariz, tus párpados cerrados, el movimiento silencioso de la maquinaria dentro de tu pecho. Luego despertabas. Sonreías antes de abrir los ojos y me dabas los buenos días. Te colocabas los lentes, te disculpabas e ibas al baño. Tardabas, pero volvías con un beso dispuesto en los labios, y te tendías junto a mí. Hablábamos un poco, de la noche anterior o de cualquier cosa. Lo importante jamás fue la actividad previa, ni el sexo ni lo divertido de la fiesta o la cantidad de alcohol. El hecho era que no solo había pasado la noche contigo: fuera tu cama, la mía o cualquier otra en el mundo, yo era la primera persona en ver que tus ojos se abrían en el nuevo día. Entonces me convertía en la única observadora de tus movimientos antes de echar a andar tu mundo. De cierta forma, eso me concedía el privilegio de percibirte en esas circunstancias en las que no nos dejamos ver por otros seres humanos, sea por vergüenza, decencia o imagen: antes del baño, con el hilo de baba reseca asomándose en la comisura de los labios, en el momento en que tomamos consciencia de nuestra propia existencia un día a la vez.

Más que atreverse a dormir frente a alguien, disponerse a acompañar el sueño de alguien más es uno de los mayores actos de intimidad.

Extraño tus ojos cerrados despojados de los lentes, tus brazos bajo la almohada, el sonido de tu celular desde el baño, tu voz primigenia en el buenos días que te recordaba que amanecías junto a mí.

III

Extrañar viene del latín extraneare, que a su vez proviene de extraneu: de fuera, ajeno. Se refiere a la percepción de algo que no pertenece a lo propio, que está fuera de aquello que reconocemos como nuestro. Tú, tu cuerpo, tus hábitos, tu voz, tu risa, tu tiempo que creía mío también, no lo es más. Te extraño porque sé que nada tuyo existe dentro de los límites entre los que mi existencia se desplaza. No hay más un día nuestro, una actividad compartida, un pensamiento común. No hay en el horizonte un futuro al cual nuestros caminos se dirijan unidos, con similar velocidad o trayectoria. No existe posibilidad de que eso que compone mi mundo sea, a su vez, un componente del tuyo. Quizá nunca existió.

Extraño la idea ―tal vez la esperanza― de que tendríamos el poder de no extrañarnos: de estar tan cerca que nada del otro nos fuera ajeno. El mismo olor sobre la piel después del baño; el mismo bolo alimenticio cayendo en el estómago por las noches; la misma música en las cuentas de Spotify. ¿Cuánto trabajo hubiera implicado hacernos parte de ese otro mundo? Uno que hubiera querido sentir mío, no extrañarlo jamás.

Extraño la idea ―quizá la esperanza― de ti conmigo.

IV

Escucho a San Pascualito Rey. Repito una y otra vez: si te vas vete gritando, quiero saber que me quisiste, que me vas a extrañar; si te vas vete gritando, quiero saber que me quisiste, que me vas a extrañar; si te vas vete gritando, quiero saber que me quisiste que me vas a extrañar; si te vas vete gritando quiero saber que me quisiste que me vas a extrañar; sitevasvetegritando quierosaberquemequisistequemevasaextrañar; sitevasvetegritandoquierosaberquemequisistequemevasaextrañar. Pienso en ti, en que me hubiera gustado sentir que sentías la separación, que me gustaría esta madrugada saber que sientes que ya no estoy.

Prohibido stalkear. Eliminarte de Instagram ya. Silenciar tus notificaciones en WhatsApp. No buscarte en YouTube o Tiktok. Pero de vez en cuando tecleo tu nombre en la barrita de búsqueda del chat, solo para comprobar que no era necesario silenciarte: no escribes, no me buscas, no intentas saber de mí. Cumplo cabalmente el resto de mis prohibiciones. Pero hoy apareciste en una foto de alguien más. Y vi tu sonrisa perfecta y la expresión en tus ojos de que estás bien. De que tu vida sigue y estás bien. Y me gustaría saber que me extrañas. Que mi existencia falta en la tuya. Que sabes que nadie más ha sentido tu ausencia como la estoy sintiendo yo. Y tengo unas ganas insoportables de buscarte, de pedirte otra vez un espacio pequeñito, de recibir un poquito de tu cariño y tu tiempo. De saber que a estas horas también intentas lidiar con todo esto. Que te cuesta mantenerte lejos y en silencio. Pero te veo en la foto y sé que me miento: no te falto, no te duele mi ausencia, no te interesa buscarme o tomar responsabilidad. Decidiste desaparecer.

No me extrañas.

Tú no me extrañas.

V

Resuelvo que no me extrañas y recuerdo todo: la falta de atención, las mínimas respuestas, las llamadas que se quedaron perdidas en tu historial, las veces que rechazaste los planes para estar juntos, tu incomodidad ante la idea de estar solo conmigo, tu pasividad, la ausencia de ganas. Las negaciones y negativas ―el interés se siente, pero el desinterés se siente más―. Sé que no pasas la madrugada pensando en lo que ya no tenemos, nunca nada te quita el sueño. Sé que en realidad no imaginaste un futuro conmigo. Sé que preferiste repartir tu tiempo entre familia, amigos, trabajo y tiempo a solas, y que yo no entraba en ninguno de esos conceptos. Sé que no quisiste dedicarme al menos dos días cada mes. Sé que por más que yo intentara convencerte eso no iba a cambiar. Sé que por más que te extrañe nada mío sentirás como propio: no me extrañas, y no lo harás.

VI

La vida sigue a pesar de las ausencias. Quería escribir que te extraño, pero también quería dejar constancia de eso que extraño de ti. El dolor es intenso. Las lágrimas y el insomnio son de verdad. Quería liberar todo esto, sacarlo de mi pecho, quizá pensar que por accidente lo leerás. Me da miedo saber que nada cambiará aun si eso sucede. Me duele un poco también. Ante todo, creo que me gustaría dejar un recuerdo para contarme esta historia en el futuro. Poder decirme a mí misma que sentí, que me dueles, que te extraño, que fui capaz de poner para ti todas estas cosas. Y que fuiste tú quien las rechazó, quien no estuvo a la altura. Que mi intención fue genuina y estuve dispuesta a vivirla de verdad, a hacerla más grande y a materializar todo lo posible. Que tú decidiste no participar. En el futuro no será de mi interés comprender tus motivos. No tendré que prohibirme saber de ti. No sentiré esa horrorosa punzada en la boca del estómago si por accidente te encuentro en una foto o te veo en la calle. Podré contarme que salí del hoyo, que superé la tristeza, que me di cuenta de cosas de mí misma a partir de esta experiencia, que volví a sentir con fuerza, como siento yo, con ganas, echándome completa hacia delante, sin remordimientos y sin sentir que el tiempo me faltó o que no hice todo lo que pude. Necesitaba dejar constancia de que todo esto sucedió, de tantas cosas que me habitaron, porque con el tiempo dejaré de pensar en ti. Dejaré de extrañarte y quizá ni siquiera sepa por qué lo hago ahora. De mi mente desaparecerá el tono de tu voz, lo que significa tu sonrisa, lo que ahora alcanzo a ver en tu mirada. Quizá tu nombre no, conoceré a otros que se llamen como tú. Pero entre esos otros terminará por diluirse esta turbulencia que en este momento me mantiene sin poder dormir. Necesitaré releer este ensayo para recordar. Para recordarte. Y me preguntaré por qué ahora duele tanto, si en el futuro todo esto solo será una anécdota para contar que hubo alguien que prefirió no concederme solo dos días cada mes porque no tuvo ni la mínima idea de lo que pudo nacer desde ahí.



Xóchitl Lagunes es autora de las novelas cortas Ojos de gato (Proyecto Literal, 2016) y Aprovéchate de mí (Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas 2020, publicada en 2022) y la colección de cuentos Un pájaro en el ojo (Casa Futura Ediciones, 2021). Sus cuentos forman parte de las antologías Materna (Fondo Blanco, 2022) y Liminales II (Casa Futura Ediciones 2023). Ha publicado cuentos, relatos, ensayos y poesía en Cronopio, El Universal, Tierra Adentro y El Beisman. Es cofundadora de la revista digital Semillas de Sauce, editora y colaboradora en Anfibias Literarias, autora para la plataforma Pathbooks-Live your own story y parte del consejo editorial de Tejiendo Historias, con las publicaciones Destejiendo heridas (2021) y Medusas (2022). Fue jurado para la convocatoria de crónica ficticia Territorios, sobre la obra del fotógrafo Santiago Arau.

Opmerkingen


bottom of page