LOS ESPACIOS DE MUJERES Y LA INNECESARIA VALIDACIÓN DE LOS HOMBRES - Ximena Cobos Cruz



Los espacios de mujeres y la innecesaria validación de los hombres

Inicio con una lista de reflexiones que no dejan fuera mi enojo, mi molestia, mi sorpresa y mi total desacuerdo. Y que, a su vez, abren el diálogo para muchas reflexiones más sobre nuestro quehacer en términos del estudio y difusión de la literatura escrita por mujeres:

-Perro coraje que, en una feria de libro supuestamente hecha de mujeres para mujeres, haya una mesa donde se dé foco a ese fenómeno tan raro que son hombres leyendo mujeres, porque hay que darles siempre foco a los vatos y sus logros.

-Qué perro coraje que haya en una mesa de una feria de mujeres para mujeres un vato diciendo todo lo que extrajo de teóricas y explicándonos a las mujeres lo que ya dijo una mujer.

-Perro coraje que en esa mesa haya un vato haciéndose el único y detergente por leer mujeres de toda la vida.

-Perro coraje que en esa mesa otro vato asuma, tan inconsciente como siempre, que las mujeres que invitan a leer mujeres se dirigen a los hombres, porque sí, claro, nosotras solo pensamos en que nos lean ellos para que nos validen.

-Perro coraje que quien modera esa mesa tiene el atrevimiento de preguntarle a hombres si hay tintes específicos en la literatura escrita por mujeres que no se encuentran en la literatura escrita por vatos, y si esto no refuerza estereotipos de género.

-Perro coraje doble que la pregunta anterior vaya acompañada de un cuestionamiento de si la literatura de las mujeres ganará legitimidad hasta que una masa de hombres importante lea mujeres.

-Perro coraje que al hablar de interseccionalidad respecto a las mujeres se regrese el foco siempre a los vatos y, en una mesa de una feria sobre mujeres escritoras, se diga que claro, también pasa en los hombres, no es lo mismo escribir siendo Carlos Fuentes que un hombre joven que escribe en lenguas indígenas.

-Perro coraje que en esa mesa un vato se ponga a decirnos que no se trata de un boom, como si no supiéramos de dónde viene esa idea: de mujeres, de artículos que recién salieron.

-Perro coraje que además uno de esos tipos se ponga a sugerir que hay que cambiar el canon, metiendo en él a las escritoras que van en ciertas corrientes. Porque, claro, esto se trata de llenar huecos con nombres de mujeres nada más, no de desarmar estructuras.

-Perro coraje que ese mismo tipo siga diciendo, así, con ese discurso de abrir verdades, que las mujeres no solo hacemos literatura, sino teoría y más. Válgame, si no me lo dice un tipo, no me entero.

-Perro coraje que quien modera la mesa haga la pregunta sobre la relación que existe entre la lucha feminista de los últimos años y leer mujeres, porque, claro, los hombres nos explican cosas.

-Perro coraje que además diga que esa pregunta tiene que ver con que le parece que los hombres no han tenido que emprender una lucha política para exigir el derecho a ser leídos. Aquí el chiste se cuenta solo.

Por eso, por eso no hay que abrir los espacios de mujeres para mujeres para escuchar las sabias palabras de los hombres, si entre nosotras hemos reflexionado ya tanto y continuamos.

Nos falta feminismo, ética y mucho estudio, sí, lo siento, estudio para que no vengan tipos a contarnos lo que han dicho mujeres y no veamos el extractivismo ahí.

¿Cómo nos sentimos, entonces, después de la participación en esta feria del libro de escritoras? (Me voy a permitir un poquito sí hablar en plural, porque Angélica Mancilla y yo somos un equipo y siempre estamos en comunicación, sin embargo, ella tiene su propia manera de formular las cosas, y aquí voy a retomarla. Pero no hablo en su nombre, la retomo).

Nos sentimos apenadas, enojadas, sentimos que otra vez nos equivocamos, que una vez más un espacio de mujeres al que nos invitan no es lo que pudimos llegar a creer. Pero también sentimos que nos equivocamos por no posicionarnos con fuerza en el primer momento en que nos disgustó algo que fue ver que había una mesa de hombres que leen mujeres en un evento pensado para visibilizar escritoras, como si nuevamente necesitáramos la validación con la que la palabra de un hombre está cargada desde una mirada patriarcal que los ha constituido norma y referente, y de la que muchas nos hemos querido escapar y emprender férrea resistencias, desde la acción, la lectura y la escritura.

No quisimos salirnos, no quisimos reventar nada, nos pesó la sororidad, la responsabilidad, pero nos ganó el disgusto y el compromiso y no estuvimos pendientes de las varias cosas alrededor de la feria y hasta ahora una compañera nos puso frente a los ojitos cosas que para nosotras son aberrantes y que se dijeron, discursos que se desmarcan del feminismo. Lo que nos alarma, nos molesta y nos ofende.

Por eso es necesario decir algo de lo que ya puse en redes, pero más aquí, en el foco, porque cuánto daño nos hace el silencio o el miedo a perder espacios, aunque nosotras no íbamos por ahí, sino por el otro miedo que es demeritar el trabajo de otras. Pero, qué creen, para eso los estamos construyendo, para existir en libertad y sin este miedo al escarnio, al escrache.

Primero, esperamos que ya no tengamos que decir "otra vez" tras llevarnos un chasco luego de aceptar invitaciones. Estamos muy cansada de los desencuentros, de las desilusiones, de la caída de vendas de los ojos. Pero es sano reconocer dónde no es, dónde no se comparte nuestro piso político y entonces no es posible trabajar por un mismo objetivo. Aunque parezca que lo tenemos, no creo que sea así, me parece que hay cosas de fondo que no compartimos y que no nos gustan ni son prácticas que queremos fomentar.

Esto me lleva a lo generacional que alguna compañera en redes puso sobre la mesa. Sí, claro que la organización en esta ocasión en específico nace de mujeres con las que no compartimos ni la época en que nos formamos ni la clase social (es claro de dónde vienen algunas de las organizadoras respecto a esta distancia). Lección aprendida, no podemos ni vamos a justificar por la brecha generacional lo que a todas luces nos parecen prácticas y posturas cuestionables, antes bien, hay que reflexionar qué es lo que nosotras queremos hacer, cómo y con quién. No solo hacer por hacer, celebrar por celebrar. No se trata de demeritar el trabajo que hacen otras, solo es que para nosotras ahí no es, no es el espacio donde queremos estar, ni construir, menos si se deslinda de lo que para nosotras ha sido el motor de todo el proyecto que es Ingrávida: el feminismo.

En verdad, para nosotras no hay opción a la inocencia, siempre es necesario el cuestionamiento, ver las acciones, los comentarios, las afirmaciones y las insistencias de cada persona que está detrás de los proyectos, porque nada existe por sí solo, porque todas tenemos intenciones, motivaciones, y hay que saber si las compartimos para poder decidir de la mejor forma. No ser críticas con los espacios ni las organizaciones de mujeres nos puede mantener en el estatismo.

Nos deja la lección, como señala Angélica, de la importancia que tiene comunicarnos con las otras, de forma directa; de que haya diálogo entre nosotras, de que vengan acá y nos digan me siento incomoda, leí esto y pienso tal. Porque en los comentarios de la publicación inicial en redes hubo varias compañeras que se sentían tan incómodas como nosotras y seguimos adelante con nuestra participación sin expresarlo. Porque hay quien ya había hecho la crítica y no nos enteramos, y no nos dijo, y hasta ahora que nosotras nos abrimos a mostrar nuestro descontento se abrió, afortunadamente, también la comunicación. Entonces sí, cuán necesario es quitarnos tanto miedos como la desconfianza en la otra, pero son tantos los desencuentros que por eso luego llegamos a este punto en que no hablamos. No obstante, me apapacha que luego sí se abra el canal, que tengamos la confianza y el atrevimiento de comentarnos, de sincerarnos y seguir adelante, reconociéndonos unas a otras.

Voy a insistir, fueron las participantes de la feria quienes politizaron el espacio, quienes sostuvieron sus discursos desde el feminismo, porque creemos que ahí está la base para discutir nuestra participación, la participación de las mujeres, en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Años de estudio y lectura de mujeres que hace décadas lograron articular estas ideas que para nosotras nos han ayudado a vivir en este mundo dispar y violento no queremos ni vamos a echar a la basura, creemos en nuestras ancentras, en nuestra genealogía de teóricas y practicantes del feminismo y la teoría literaria feminista.

Supongo entonces que sí, fue un mal trago, una navaja de doble filo, porque tomamos el espacio abierto para decir aquello en lo que creemos, pero también politizamos con nuestra presencia y discurso espacios que no tienen esa intención, que de fondo ven innecesario (¿peligroso?) meter al feminismo. Y me parece necesario analizar por qué, quiénes son, de dónde vienen, las que piensan así aun trabajando con y para mujeres.

Pero, bueno, acá estamos. Nos equivocamos, logramos la comunicación luego del disgusto, seguimos cuestionando todo en lo personal, no solo Angélica y yo, sino las otras que se abrieron a comentarnos. Y así es como sí vamos identificando con quién sí, con quién se puede construir, con quién queremos hacerlo, con quién es un espacio seguro.

Todo seguirá existiendo, que sigan adelante los proyectos de mujeres y que cada una tome su decisión de politizar o no su trabajo. Sin duda, es necesario seguir cuestionando la organización y la necesidad de horizontalidad entre mujeres. Nosotras nos quedamos con que sí, abiertamente posicionándonos desde el feminismo radical todo el tiempo.


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Ximena Cobos Cruz (D.F, 1988) Estudió Letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente estudia Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, a paso lento. Es editora del medio de comunicación independiente Enpoli (Entre política y literatura), así como cocreadora del proyecto Ingrávida, dedicado a la difusión y análisis de la literatura escrita por mujeres. Es feminista en formación y poeta (aunque cueste nombrarse). Ha publicado tanto en medios impresos como digitales. Algunas de sus obras se pueden encontrar en Puf!, Larvaria, Rojo Siena, Revista Marabunta, Sierpe, Granuja, Página Salmón y Revista Raíces, entre otros.