COLECTIVA: Conjuro especulativo

Indra Cano, Arleth García, Sharly Ramírez, Yunuén Barbosa, Karla Anaya, Nora Alvarez, Daniela Becerra, Citlali López, Sara Güizado, Nicte-Há García, Andrea Bañuelos, Rous Espinosa, Minerva Ruiz y Analía Ferreyra




































Conjuro especulativo

Hoy nos reunimos desde distintos puntos del globo para conjurar juntas y hacer que nuestros deseos crezcan y se extiendan, que lo que valoramos dure y siempre nos sostenga.


Éste será nuestro futuro:

En las noches de luna nueva, cuando la oscuridad sea casi total, las mujeres caminaremos casi a ciegas, gozando de la paz que dará la penumbra sin temer a nada.


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Seguiremos rodeadas de nuestras familias y si tenemos parejas serán respetuosas y divertidas. Nos rodearemos de perros rescatados y otros animales. Los tlacuaches y cacomixtles harán sus rondas nocturnas, las mariposas, ardillas y colibríes harán las rondas diurnas. Seguiremos acumulando pasos, compartiendo con otras, lecturas y reflexiones.


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Cada día cuidaremos más a la naturaleza, talaremos menos árboles, sembraremos más lavandas, tendremos pequeños huertos, intercambiaremos ropa entre nosotras, consumiremos menos, captaremos el agua y nos conmoveremos por los seres sintientes. Cada día habrá menos animales en nuestro plato y, ojalá pronto, menos animales en los platos de los demás. Apreciaremos la inteligencia del pulpo y la del ratón. Nuestra compasión se extenderá a todos los vivos.


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Hay que resistir, no lo pedimos, pero lo haremos lo hemos hecho. Detrás de esa cortina de bruma y dolor se llegará ahí: a esa región futura.


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Nuestros miedos se desvanecerán

miedo a ser invisible, miedo a ser vista, miedo a ser señalada,

miedo a manchar,

miedo a doler y oler, miedo a envejecer

miedo a morir

la vida roja sin miedos será otra.


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Respetaremos a quienes envejecen, a quienes no están a la moda, a quienes son mayores o menores. Saludaremos a los árboles, les agradeceremos. En la región del futuro no replicaremos la violencia del patriarcado, construiremos la igualdad con armonía, desde nuestro propio sitio.


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Será imposible distinguir las risas infantiles de las adultas, pues unas se nutrirán de las otras y entre ambas irán renombrando el mundo, bebiéndolo a sorbitos para que la sorpresa y la fascinación no se acaben jamás.


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Nos enseñaremos la fuerza que existe en la fragilidad de un solo hilo. Divina paradoja.


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La crianza no estará vinculada a la idea de pareja, sino a la de manada, las familias se extenderán y se contraerán en un sístole y diástole que siempre ha sido inherente al latir de la humanidad en la Tierra. Será la manada la que maternará, consciente de que el movimiento de una, repercute en el camino de todas.

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Desde la luna, las mujeres más ancianas observarán las luces, será la noche de las luciérnagas, se sentirán dichosas, orgullosas, habrá una oportunidad para que la vida siga germinando en esta nueva era, la era de las mujeres.


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Zurciremos nuestras heridas, siempre en compañía.


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Habrá algunos hombres en las manadas, nadie sabrá cómo llegaron ahí, no harán daño, no dolerán, hablarán poco, estarán aprendiendo un nuevo lenguaje, una nueva forma de mirar, de tocar, de habitar su cuerpo y el mundo. Pasaron tanto tiempo negando sus horrores que serán pocos quienes logren encontrar el camino después de aquel bosque umbrío.


También estaban heridos, pero no lo sabían.

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Entrelazaremos nuestras fibras amorosamente.

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Los hombres participarán de los cuidados domésticos no de la violencia ni el autoritarismo. Ellos llorarán y hablarán de sus anhelos y frustraciones, podrán quitarse la máscara del éxito. Cada día las manos amenazantes de nuestros pasado se diluirán más en alguna neblina lejana.


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En los días nublados, cuando la lluvia cae, las mujeres no correrán despavoridas, como si fuera gasolina, se permitirán seguir su camino, empaparse, agradecerán el requiebro que el cielo le hace a la tierra al llenarla de vida, de posibilidad, de la certeza de que lo único permanente en lo vivo es la impermanencia.

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Nuestras ancestras aprenderán el arte de hilar /resistir.


Nos tocará ayudarnos a remendar los huecos que una sociedad machista y patriarcal nos ha dejado en el pecho, en el alma, en el ser.

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Remendaremos nuestros hilos rotos, nos bordaremos el alma.


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Ellas hablarán a las crías del deseo mientras miran las luciérnagas, las luciérnagas construirán patrones resplandecientes suspendiendo el deseo por un momento, para continuar con él después. Del mismo modo, nuestro deseo será valioso, pero siempre deberemos cuidar que no incendie a nadie, que no hiera.


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En esta región del futuro, todas seremos diversas, pero estaremos unidas y atravesadas por diferentes redes que vamos hilando. Redes de una belleza extraordinaria que, según desde donde se miren, reflejan la nada o bien, millones de delgados hilos translúcidos e iridiscentes. Cada vez que los veamos se nos pintará la mirada de mil colores y nos latirá el corazón. Sentiremos la vibración de la red como una sola.


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Aunque parezca no haber vereda, ya la harán nuestros pasos…


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Mi cuerpa dejará de ser desecho

reverdecerán las montañas, los bosques, los lagos

se desacelerará la producción del veneno y se detendrán las extinciones seremos sinergia porque la tierra nuevamente recuperará su lugar.


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Las arañas tienen muchos ojos, pero no ven muy bien. Ellas sienten las vibraciones en la red. Acá, aprenderemos a comunicarnos no sólo de una manera, no sólo juzgaremos y decidiremos con la vista, sino con todos nuestros sentidos. Los hilos y sus vibraciones también servirán para conectarnos con nuestro pasado, para conectarnos con nuestras ancestras, con el presente y los futuros cercanos.


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En esta región se respetará la vida de todo ser.


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Serán días de montaña, de ciclos y vuelo; de avanzar ligera, de vivir, crear, celebrar. Días de disfrutar del instinto y del placer, de reconectar con los ritmos propios y fluir.


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Nos criaremos acompañadas, nunca solas.

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Pensaremos en las que no consiguieron llegar, en aquellas cuyos nombres aún retumban en los oídos y en las que se convirtieron en un silencio profundo. Prenderemos velas y miraremos las llamas hasta extinguirse. Ninguna luz deberá apagarse por la voluntad de vientos lacerantes.


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Zurciremos nuestras heridas, siempre en compañía.


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Defenderemos toda alteración, desequilibrio y malestar

rechazaremos todo mandato que insinue nuestra propia aversión

dejaremos de contar los días que nos faltan

y los días que nos quedan.


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Hoy sé que habitar el mundo en este cuerpo no es motivo de vergüenza y que quienes me redujeron (y reducen) a la forma y peso de mi cuerpo

son los del problema, ellos son quienes deberán sentir vergüenza.


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Seremos cuerpas vitales

no explotables ni saqueables.


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El mundo no nos exigirá la exactitud de ahora

sonar y fluir no será desconocido ni vergonzoso

ovular no será peligroso.


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La sincronía entre nuestras cuerpas desestabilizará los sistemas de producción.


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Seremos amigas sanando, luego sanaremos a extrañas que se harán familia, criando a sus hijos, a los nuestros, desde el amor para resistir a la violencia. Aprenderemos a ver en la diversidad una riqueza, riqueza que habitaba en nosotras y en otros, en otres. Veremos a las niñas y a los niños crecer para formar nuevas familias, será como ver las enormes familias del pasado, pero sin el dolor y la opresión que atravesaba a las madres, a las hijas.


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Hallaremos momentos para conectar, escuchar, vibrar y compartir, para procurar, abrazar y recordar a las exploradoras.


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El intento no será de una, surgirá, se aglutinará entre todas y cambiaremos la soledad por la escucha, la rivalidad por sororidad. No permitiremos más violencia.


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Bailaremos a la luz de la luna y nuestras risas reverberarán hasta alcanzarla.


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Seguiremos siendo hijas de la mar.

A leguas se nos verá en la piel morena y en las olas arremolinadas

que danzarán en los bordes de nuestro rostro, en nuestros ojos límpidos que entrañarán el mar de la infancia donde las ballenas asomarán por nuestra ventana.


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Desde la luna, las mujeres más ancianas observarán las luces, será la noche de las luciérnagas, se sentirán dichosas, orgullosas, habrá una oportunidad para que la vida siga germinando en esta nueva era, la era de las mujeres.

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Habrá una sola forma de llegar ahí, será todas juntas, sin que ninguna se quede atrás, y convencidas de que aunque parezca no haber vereda, ya la harán nuestros pasos.


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La puerta de la cocina se abrirá intempestivamente y entrará nuestra nieta corriendo seguida por un cachorro. Sus botitas dejarán un camino de huellas color café tras de sí y al ver que el rostro de la abuela tiene una lágrima y una sonrisa, la abrazará y le dirá: “no llores, abue. Bueno, si quieres sí. Ya estoy aquí.”




Crédito de imagen: Camila Muñoz B